¿Qué se celebra el 23 de abril y por qué se regalan rosas?

El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, una fecha dedicada a promover la lectura, la literatura y el valor de los libros en la sociedad. En esta entrada descubrirás por qué se conmemora este día, su relación con autores como Miguel de Cervantes y William Shakespeare, y cómo esta celebración, impulsada por la UNESCO, sigue siendo relevante en la era digital. Una reflexión sobre la importancia de leer hoy y el impacto de los libros en nuestra forma de entender el mundo.

EDUCACIÓNA LA LITERATURA

Dann S. Cañon

4/18/20264 min leer

¿Qué se celebra el 23 de abril y por qué se regalan rosas?

El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, una fecha que rinde homenaje a la lectura, a los libros, a las autoras y autores, y al impacto que la literatura ha tenido en la historia de la humanidad. Más que una conmemoración puntual, este día funciona como un recordatorio colectivo de la importancia de preservar, difundir y valorar las palabras, esas que han sido capaces de construir mundos, transmitir ideas y acompañar emocionalmente a generaciones enteras.

El origen de esta celebración está profundamente ligado a la historia literaria. El 23 de abril de 1616 se asocia con la muerte de dos grandes figuras de la literatura universal: Miguel de Cervantes, autor de una de las obras más influyentes de todos los tiempos, y William Shakespeare, cuya producción teatral ha marcado la literatura occidental de manera decisiva. Aunque en términos históricos las fechas exactas de sus fallecimientos no coinciden completamente debido a las diferencias entre el calendario juliano y el gregoriano, la coincidencia simbólica resultó lo suficientemente significativa como para convertir este día en un referente literario global. A esta fecha también se vincula la memoria de Inca Garcilaso de la Vega, una figura clave en la literatura hispanoamericana, lo que refuerza el carácter diverso y universal de la celebración.

Fue en 1995 cuando la UNESCO proclamó oficialmente el 23 de abril como el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Esta decisión respondió a la necesidad de promover la lectura a nivel global, fortalecer la industria editorial y, al mismo tiempo, proteger los derechos de quienes crean las obras. En este sentido, la fecha no solo celebra el libro como objeto cultural, sino también el trabajo intelectual y creativo que hay detrás de cada página escrita.

Más allá de su origen histórico e institucional, el 23 de abril también se sostiene en tradiciones culturales que han enriquecido su significado con el paso del tiempo. En Cataluña, por ejemplo, esta fecha coincide con la festividad de Sant Jordi, una celebración en la que las personas intercambian libros y rosas. Este gesto combina el amor romántico con el amor por la literatura, convirtiendo al libro en un símbolo afectivo, en un regalo que no solo se entrega, sino que también se comparte. Con los años, esta tradición ha trascendido fronteras y se ha convertido en una de las imágenes más representativas del Día del Libro en todo el mundo.

Sin embargo, entender qué se celebra el 23 de abril implica ir más allá de los datos históricos. Este día también invita a reflexionar sobre el papel que los libros siguen desempeñando en la actualidad. En una época marcada por la inmediatez, el consumo rápido de información y la sobreexposición a pantallas, la lectura se presenta como un acto que va en contracorriente. Leer requiere tiempo, concentración y disposición emocional, cualidades que parecen cada vez más escasas en un entorno dominado por la velocidad.

Aun así, los libros no han perdido su relevancia. Por el contrario, han sabido adaptarse y encontrar nuevos espacios en el mundo digital. Plataformas como TikTok han impulsado comunidades lectoras como BookTok, donde miles de personas comparten recomendaciones, reseñas y experiencias literarias. Este fenómeno ha demostrado que, incluso en formatos breves y dinámicos, la literatura sigue generando interés, conversación y conexión. Lejos de desaparecer, los libros han encontrado nuevas formas de circular y de llegar a lectores que, de otra manera, quizá no se habrían acercado a ellos.

Celebrar el Día Internacional del Libro también es reconocer el poder transformador de la lectura. A través de los libros no solo adquirimos conocimiento, sino que también desarrollamos empatía, pensamiento crítico y sensibilidad. La literatura nos permite habitar otras vidas, comprender otras realidades y cuestionar nuestras propias certezas. En ese sentido, leer no es un acto pasivo, sino una experiencia activa que moldea la forma en que entendemos el mundo.

Además, los libros funcionan como espacios de memoria. En ellos se conservan historias, ideas y voces que han atravesado el tiempo, permitiendo que el pasado dialogue con el presente. Cada obra es, en cierto modo, un testimonio de su época, pero también una puerta abierta hacia nuevas interpretaciones. Por eso, celebrar este día es también una forma de reconocer la continuidad de la cultura y la importancia de mantener vivo ese legado.

El 23 de abril, entonces, no es solo una fecha para recordar autores o comprar libros. Es una invitación a detenerse, a elegir una historia, a volver a una página subrayada o a descubrir una voz nueva. Es un recordatorio de que, en medio de la rapidez y el ruido, todavía existen espacios donde la palabra se despliega con calma, donde las ideas se construyen con profundidad y donde las emociones encuentran un lenguaje.

En última instancia, lo que se celebra en este día es la relación entre las personas y los libros. Una relación que ha cambiado con el tiempo, pero que sigue siendo esencial. Porque leer no es únicamente un hábito cultural, es una forma de habitar el mundo, de comprenderlo y, en muchas ocasiones, de transformarlo.