Lo que aprendí este año gracias a los libros

Reflexión literaria sobre lo que aprendí este año a través de los libros: lecturas que acompañaron procesos, cambiaron miradas y enseñaron a leer con más calma, conciencia y profundidad.

REFLEXIÓNA LA LITERATURA

Dann S. Cañon

12/31/20252 min leer

Lo que aprendí este año gracias a los libros

No leí para cumplir un reto.
Leí para sostenerme.

Este año los libros no fueron entretenimiento: fueron refugio, espejo y herida abierta. Cada historia llegó cuando tenía que llegar, incluso aquellas que incomodaron, que rompieron certezas o que me obligaron a detenerme.

Mi lista de lecturas no habla de cantidad, habla de procesos. De lo que se cayó. De lo que se reconstruyó en silencio.

La intuición también es una forma de verdad

Mujeres que corren con lobos, Donde viven las musas y Opio en las nubes me recordaron algo esencial: no todo conocimiento es racional.
Hay verdades que habitan el cuerpo, los símbolos, los sueños. Verdades que no se explican, se sienten. Este año aprendí a escuchar más esa voz interna que no grita, pero insiste. A confiar en lo que vibra aunque no tenga nombre.

El dolor no siempre quiere ser sanado

Libros como Este no es mi dolor, Eras el a vez un corazón roto y Terapia para llevar me enseñaron algo incómodo pero necesario: no todo dolor pide soluciones.

Algunas heridas solo quieren ser vistas.
Algunas tristezas no necesitan prisa.

Aprendí a no exigirme estar bien. A dejar de convertir el sufrimiento en una deuda emocional. A aceptar que sentir también es una forma de avanzar.

Mirar la sombra sin romantizarla

Leer sobre el mal, la mente humana y sus contradicciones fue confrontante.
La cara del mal, Cómo analizar personas, Los monstruos en Colombia sí existen y Satán: una autobiografía me obligaron a dejar la ingenuidad.

Aprendí que el ser humano no es lineal ni puro.
Que comprender no es justificar, pero sí mirar sin miedo.
Que la oscuridad no siempre es ajena: a veces vive muy cerca.

La literatura como acto consciente

La peste, Divina comedia y El arte de contar cuentos me recordaron que la literatura también es pensamiento, estructura y resistencia.

No todos los libros son consuelo.
Algunos incomodan.
Otros exigen tiempo, silencio y atención.

Este año entendí que leer también es un acto ético: decidir qué miramos y desde dónde.

La niña que sigue leyendo

Volver a Coraline, Charlie y la fábrica de chocolate, El principito y Carrie fue volver al miedo, a la imaginación y a la fragilidad.

Comprendí que crecer no significa abandonar a la niña que fui, sino protegerla mejor.
Seguir leyendo también fue una forma de cuidarla.

La enseñanza final

Los libros no me salvaron de sentir.
Pero se quedaron conmigo mientras sentía.

Leer fue un acto de compañía.
De resistencia silenciosa.
De amor propio.

Quizá por eso escribo.
Para ser, algún día, el texto que alguien encuentre cuando no sepa cómo nombrar lo que le duele.